Sheila, un vacío en el estómago

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Su marido la empujó al vacío desde un onceavo piso. Un vacío en el que miles de mujeres son asesinadas lentamente por un sistema que no muere, por unas leyes que no se cumplen, que nadie conoce.

En su velorio, aún en su velorio había quienes la culpaban: ella se lanzó, ya había intentado suicidarse antes. Nos enseñan desde siempre que el amor duele. Le dolió hasta la muerte a Sheila Silva.

Sheila es una bofetada, un vacío en el sistema judicial, un vacío en las leyes, en el alma, en el estómago.

Hago intentos por no hacer un texto tan dramático, pero ¿hay otra forma?, cuántas seguimos sufriendo silenciosamente la violencia en todas partes, en los centros de trabajo, en el dolor del parto, en el acoso, en las casas.

Nadie se mete en problemas de pareja, aunque todos opinan, aunque todos critican, nadie se mete, aunque se trata de un problema que cualquiera puede denunciar, a pesar de saber que será una denuncia que tampoco sea atendida.

Más de 80 mujeres han sido víctimas de feminicidio este año en el país, que se jacta de tener un Gobierno feminista. El sábado, una mujer fue encontrada con un tiro en la cabeza, atada con cables, cubierta con bolsas de basura en una maleta en Quinta Crespo.

Danyerlin Josefina Heredia Salavé, una adolescente de 14 años fue violada y asesinada el viernes en la mañana en Carapita. Sus familiares hallaron su cuerpo el domingo dentro de una bolsa en un basurero de la zona, con heridas por puñaladas y golpes. Un payaso, animador de fiestas fue su asesino. Danyerlin era acosada hacía dos años por Rigoberto Enrique León, pero no fue escuchada, a pesar de haberlo dicho muchas veces a su familia.

Rigoberto León era separado, su pareja anterior lo dejó por maltrato.

El caso de Sheila es una bofetada, una nunca creería que ella, una mujer empoderada, lidereza, vanguardia de la mujer revolucionaria. Su marido, su asesino, irónicamente trabajaba en el ministerio para la Mujer y la Igualdad de Género.

Leyes de avanzada, casas de abrigo, líneas telefónicas para la protección de la mujer existen, pero nada de eso ha impedido que la violencia siga su curso, sobre todo porque no existen cifras que nos permitan conocer la realidad de un problema que es de todos. Mientras, la violencia obstétrica se sigue cobrando vidas de madres y niños sin parto.

Hay organizaciones feministas que insisten en la lucha por avanzar a la despenalización del aborto, el matrimonio igualitario, y el reconocimiento de tantos otros derechos, pero ¿de qué serviría hacer una ley?, de qué ha servido si la vida de nuestras mujeres aún se decide a puerta cerrada a manos de un verdugo que siempre tiene su confianza.

ETN/ Jessica Sosa

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