El margen de error

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Daniel estulin

Ya no me queda  ni la menor duda que el gobierno de la administración Bush nos engañó para llevarnos a la guerra…Si no podemos encontrar  a personas que estén dispuestas a asumir el riesgo de enfrentarse a la verdad y actuar en consecuencia, ¿qué sucederá en nuestra democracia?

 Paul Krugman, New Yoek Times, 24 de junio de 2003

Las palabras de Paul Krugman son la esencia del mundo que nos rodea. A menos que la población reúna el coraje para afrontar los escándalos, las mentiras y las traiciones que por el mero hecho de existir dan a entender que el propio sistema es corrupto y que quienes lo controlan (tanto en el Gobierno como en las empresas e instituciones financieras) son delincuentes, no habrá posibilidades de mejorar la situación, sino tan solo la absoluta certeza de que todo irá a peor. Porque, ser humano e ignorar o no preocuparse, es casi imperdonable. Nada puede excusarlo o justificarlo.

La diplomacia se acabó el 11 de septiembre de 2001, y la realidad y los riesgos de un conflicto abierto global o de una guerra secreta de desgaste están ahora situados en el punto de mira inmediato e inevitable de un mundo que ha optado principalmente por no entender lo que está en juego. Esta guerra no se librará únicamente con balas y bombas. Se trata de una guerra económica, una guerra por los recursos humanos, una guerra entre las naciones y sus sucedáneos, una guerra en la que intervienen los principales servicios secretos y los metagrupos secretos que colaboran codo con codo con los gobiernos occidentales.

La reacción en cadena de acontecimientos que puso en marcha el 11 de septiembre dicta que Estados Unidos, Rusia, Francia, China, Alemania, Gran Bretaña, Israel y todo aquel que pueda defenderse sigan inmersos en una serie de conflictos militares globales para controlar los últimos recursos naturales que quedan en el planeta. Al derramarse la primera gota de sangre, al caer la primera bomba, al matar al primer niño y al morir el primer soldado, se ha cruzado la frontera unidireccional al infierno. Dado que la crisis financiera ya no es una conspiración inverosímil sino una aterradora realidad, nuestra civilización ha llegado ciertamente a un punto sin retorno. Y, al atravesar esta frontera, se han hecho visibles las fuerzas económicas y políticas que han confluido para formar la tormenta perfecta que descargará en el mundo.

No hay vuelta atrás. Ojalá pudiera decirlo de otra manera, suavizar el golpe de algún modo.

Ya está aquí el Nuevo Orden Mundial. Sin embargo, no es un monolito; ningún único grupo de ricachones se reúne en una sala en la penumbra a debatir nuestro futuro planetario. Se trata, casi literalmente, de un nuevo orden en el cual el poder mundial va cobrando fuerza a lo largo de las líneas geográficas-geológicas, obligando a las regiones a enfrentarse entre ellas y sofocando sin miramientos los sentimientos nacionalistas de sus habitantes. Estas regiones son Europa, Asia y América del Norte y del Sur. La geografía y la economía están demostrando ser las últimas bazas para el triunfo, dado que la geografía gobierna la toma de decisiones económicas.

Aun así, tras todo este reajuste se está gastando a raudales la riqueza y el capital y, lo que es más importante, este torrente se está desviando entre bastidores. Quienes controlan ese dinero no notan que su control se disipa conforme desaparecen las naciones-estado. El dinero se rige por sus propias reglas. Por eso colaboran entre sí los terroristas, los gobiernos, los ricos, las empresas internacionales, las mafias, los servicios secretos de inteligencia, los asesinos profesionales y los fundamentalistas religiosos. El dinero se rige por sus propias reglas. La mayoría de la gente sigue pensando en términos de nación-estado, un virtuoso concepto administrado cínicamente por representantes del Gobierno promiscuos y patológicamente entremetidos como si fuera una dosis diaria de vitaminas o antidepresivos. Yo pienso en términos monetarios. El dinero es un concepto físico que no está vinculado a ningún sentimiento humano ni a ninguna identidad nacional. Se trata de una transferencia a gran escala de la riqueza mundial a un número cada vez menor de manos, administrada por individuos despiadados y cada vez más desesperados. Se avecina una crisis de proporciones nunca vistas en la historia de la humanidad.

Todo esto quiere decir que ya no importa quién gobierne en los países occidentales. Creo que ha quedado más que demostrado. Los poderosos hombres que están detrás del telón (Estado Profundo, Wall Street, FMI, Banco Mundial) eliminarán a cualquiera que no les guste, es decir, que sea malo para su negocio. El negocio es dinero y el dinero se rige por sus propias reglas.

Nuestra responsabilidad personal es reaccionar ante la crisis actual. Aunque se esté formando una tormenta de nubes negras a nuestro alrededor, miro hacia el futuro y veo motivos para abrigar esperanzas. Como alguien dijo en una ocasión, estar muy cerca de una montaña majestuosa es una ventaja relativa, ya que al mismo tiempo uno se ve agraciado por la magnanimidad de sus pastos y la generosidad de sus laderas, y aun así uno nunca puede ver dónde está sentado, bajo la sombra de qué grandiosidad, al abrigo de qué seguridad. Sí, hay esperanza.

En la sociedad en general se está despertando la conciencia social. Están empezando a escucharse las voces de la razón, y la gente empieza a dejar de tener miedo. Conforme los puntos de tensión empiezan a romperse en todos los rincones del mundo, existen señales graves de que se está cociendo una importante revuelta política en el planeta.

Tal vez no parezca gran cosa. Los grandes logros se consiguen con pequeñas victorias y, a diferencia del petróleo, el coraje es un recurso ilimitado y renovable.

A mitad del año 2017 de este nuevo milenio, me pregunto, retóricamente, si hemos perdido nuestro derecho a soñar. ¿Qué ocurriría si la conciencia humana trascendiera la muerte? ¿Adquiriría la capacidad infinita de investigar algo, del presente o del pasado, de percibir los complejos patrones de nuestras vidas? ¿Seremos capaces de volver a imaginar la belleza?

¿Podremos ver de nuevo el lento y pasmoso parpadeo de una lagartija recién nacida al sol, o devolver el susurro al cervatillo que acaba de susurrarte al oído – sin pensar en el World Trade Centre, Afganistán, Irán, Corea del Norte, Israel, Siria, Pakistán, Arabia Saudita, China, Irak, Abu Ghraib, Guantánamo y Madrid?

La memoria creativa es el rival más sutil de los historiadores. La pretensión del olvido gobierna y distorsiona todo lo que elegimos recordar abiertamente. No puede existir una pérdida sin recuerdo, ni un diseño sin diseñador. La naturaleza es hermosa, pero no significativa. La existencia es solo un fenómeno estético, y el mundo parecía estar justificado. Solo lo estético implica la vida no por la propia vida, sino un agudo contraste con la interpretación moral de la existencia y el mundo.

Para acabar tengo dos sencillas preguntas que hacer: ¿Quiénes somos realmente? ¿Por qué estamos aquí? ¿Acaso hemos estado buscando las respuestas correctas en el lugar equivocado?

ETN/Daniel Estulin.

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