¿Le gustan los cupcakes? A nosotras los ponquesitos

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Foto: Referencial

Los cupcakes están en boga, en la actualidad hay empresas que se dedican únicamente a producir cupcakes, de ingeniosos sabores, colores y presentaciones alucinantes; hay franquicias que los ofrecen para eventos y banquetes; también hay programas de televisión donde participantes concursan por importantes premios en dinero, preparando cupcakes con ingredientes poco usuales, decorados únicos y con gustos un tanto excéntricos.

La verdad, no me extraña, la moda es cíclica y todo vuelve a retomarse después de cierto tiempo, con algún cambio, con algo nuevo, con modificaciones pero sin perder la esencia.

Los cupcakes son una presentación práctica, versátil, cómoda y divertida de comernos una porción de alguna torta. Todo esto resulta genial, y a quién no podrían gustarle si además de ricos son lindos… A nosotras nos encantan, pero a la venezolana los llamamos ponquesitos y están colmados de historias, recuerdos, anécdotas, memoria, están repletos de sonrisas, de familia, de esa relación madre e hijos; están llenos de amor, pero sobre todo de nuestro arraigo cultural. No dicen por ahí que somos lo que comemos; pues ciertamente nosotros somos más de ponquesitos que de cupcakes y su esnobismo reencauchado.

Hablar de ponquesitos, es remontarse a la infancia, a las fiestas, a los domingos cuando las mamás tenían tiempo para hornear, hablar de ponquesitos es hacer referencia a las cantinas escolares, a la lonchera, a la merienda, a ese pequeño premio que nos daban por portarnos bien, sacar buenas notas o para que disfrutáramos de un merecido dulce.

Para las nuevas generaciones, quizá es ‘cool’ comer cupcakes, pero para quienes nacimos por allá en los años 80′ 70′ y un poco más atrás, estos cupcakes nos resbalan porque crecimos comiendo ponquesitos, de vainilla por lo general, y cuando las mamás se ponían más creativas corríamos con suerte y salían por ahí unos de chocolate o de limón. Si el momento era más fiestero los decoraban con crema de mantequilla, de esa que se hacía con panelitas de mantequilla, nevazúcar, vainilla y colorante comestible, esa misma que ahora llaman con cierto toque de glamour: buttercream y lluvia de pepitas de colores. Al verlos tan bonitos y apetecibles era inevitable exclamar un ¡Guao! Mi mamá se botó esta vez…

Que genial poder recordar aquella época de gloria y más si está acompañada de estos deliciosos placeres llamados: ponquesitos. 

Este 15 de diciembre se celebra el Día Mundial del Cupcake, si le parece extraño, créame que hay una fecha especial dedicado a enaltecer a nuestros ponquesitos.

Su primera mención en la historia fue en una receta de 1796, de la mano de Amelia Simms que la nombró como una “tartaleta que se cocina en pequeñas tazas”, en su libro American Cookery.

El cupcake que su traducción al castellano sería pastel en taza, se llama así porque en sus primeros tiempos se usaban como moldes las tazas de té.

La receta básica para hacer ponquesitos lleva mantequilla, azúcar, harina, leche y huevos pero lo admite todo: chocolates, mermeladas, frutas en pedacitos, todo tipo de glaseados, vainilla, especias, limón, vegetales, quesos, embutidos, miel, y hasta mariscos… El límite es su imaginación.

Además del universo de sabores que puede preparar, están los los glaseados o cubiertas y los rellenos, donde el infinito es la opción.

En nuestro imaginario criollo, así en el profundo sentir del venezolano, aunque suene muy chic llamarlos cupcakes, para nosotros no existen sino los ponquesitos, esos tiernos, ricos, suaves y esponjosos bizcochitos que nos hacían felices de chicos y que continúan haciéndonos felices de grandes.

Los cupcakes llegaron con su moda de forma extemporánea, pues los ponquesitos hace muchas lunas que le ganaron en velocidad, estos ya tienen nombre, lugar y un espacio irreemplazable en nuestras memorias, nuestros corazones y por supuesto en nuestras barriguitas.

Entonces, si usted es venezolano no lo llame cupcake, llámelo por su nombre: ponquesito y verá que al primer mordizco emanarán esos recuerdos de infancia, esos aromas a recién sacados del horno, esa textura esponjosa y ese sabor único que los caracteriza.

Ahora, si usted prefiere los cupcakes, disfrútelos pero se está perdiendo de esos divinos placeres que nos llenan mucho más que la panza, nos alegran la vida, el paladar y el corazón. Insistimos, a nosotras nos gustan los ponquesitos. ¡Feliz Día!

ETN/ Aimeg García y Beriozka Fereira

 

 

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