Cambio urgente o no más Tierra

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Catástrofes naturales de gran magnitud se han convertido en los últimos años en los protagonistas de los principales titulares de los diversos medios de comunicación a nivel mundial. Al principio muchos pensaban que eran hechos aislados, pero empezaron a tener gran repercusión por el rápido acceso a la noticia, que para bien o para mal, nos ha regalado el proceso de globalización mundial, sobre todo a través de las redes sociales.

Así, en lo que respecta el año 2017, el mundo ha sufrido los embates de huracanes como Harvey, Irma, María y Nate que causaron cientos de pérdidas humanas y multimillonarios daños materiales en la costa de los Estados Unidos y el Caribe; terremotos de gran escala como los ocurridos  en México, Rusia y Papúa Nueva Guinea y las inundaciones que azotaron al sur de Asia y que causaron miles de muertos en Bangladesh, India y Nepal; así como otra gran cantidad de eventos naturales repartidos por todos los continentes.

El incremento de este tipo de eventos en cuanto a cantidad y magnitud durante el año 2017, ha llamado profundamente la atención, no solo de los investigadores expertos en la materia, sino también de la comunidad internacional, quienes ante tal recrudecimiento han considerado necesario traer nuevamente a la palestra pública este tema.

(Vea también del mismo autor No todo lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas)

Ya quedo atrás la vieja discusión y los debates recurrentes en los foros internacionales, sobre si es la acción del hombre la causante o generadora de estos eventos naturales, ya que esa tesis está más que superada y comprobada. Ahora el debate se lleva sobre cuáles deben ser las acciones inmediatas que se deben tomar para minimizar el daño que a diario producimos al medio ambiente. 

Así, observamos que en la última Asamblea de las Naciones Unidas, la preocupación por el medio ambiente y la urgencia de tomar medidas efectivas fue el punto de coincidencia de la mayoría de los discursos presentados por los diversos Jefes de Estado y de Gobierno. De igual forma hemos visto cómo durante este año se han realizado diversas reuniones regionales, con el fin de realizar negociaciones sobre el tema medio ambiental, como la auspiciada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en Argentina o las reuniones del G7 para el cambio climático.

Sin embargo, vemos con mucha preocupación que si bien ha existido la voluntad de traer a debate internacional estos temas y de sentarse en la mesa de negociación, no es menos cierto que las medidas que se han tomado han sido insuficientes y muy tímidas en cuanto a su obligatorio cumplimiento y su adaptación e incorporación a los diversos ordenamientos jurídicos nacionales, lo cual hace que dichas medidas no sean efectivas ni eficaces en cuanto a su aplicación.

Una verdadera y real protección del medio ambiente puede ser viable mediante la adopción de un acuerdo unánime de los diversos países, quienes sin sacrificar su potencial de crecimiento y desarrollo, ni su economía, puedan fijar pasos firmes y obligatorios, con metas claras y verificables; de manera de garantizar un medio ambiente para las próximas generaciones. De igual forma, es responsabilidad de todos y cada uno de los hombres y mujeres que habitamos en esta tierra, dar un paso firme y adelante en la conservación del medio ambiente, donde cada aporte por más pequeño que sea, es vital para la conservación del planeta; si no cambiamos no tendremos más tierra.

ETN/Ángel Domínguez

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