Palangre crudo

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Foto: Archivo

El palangre es impune. Mezclado con petróleo, es además inmune. Cómplice de cualquier delito, lo cubre el manto sacrosanto de la libertad de prensa. A diferencia del crimen, sí paga, siempre en forma contante y casi nunca sonante. El palangrista no solo vende su opinión y noticia, sino también su silencio. Todo lo tasa en el mundo libre de la comunicación, donde la mano invisible del mercado es particularmente dadivosa y gusta de hacerse visible.

El templo del palangre es el medio, aunque siempre se individualice en un periodista. Sin casino no hay tahúr. Pero la casa nunca es penada. Con la muerte de Al Capone no se acabó la mafia. El palangrista goza de la protección del medio hasta que le sea útil. Al pasar esta raya es desechado con argumentos morales. El medio blanquea su prestigio entregando la cabeza del palangrista.

Cuando pasa a formar parte de una mezcla de hidrocarburos, el palangre se hace crudo, como el petróleo sin procesar. El mejor ejemplo está hoy en los pozos de corrupción destapados por el Fiscal General de la República, Tarek William Saab. Los involucrados fueron casi niños mimados de los medios. Demasiados euros y dólares impusieron lo que el lugar común penal denomina un “silencio cómplice”.

Pero ya lo dijimos, el palangre goza de impunidad. Ni una gota de petróleo convertida en yate o en cuentas bancarias paradisiacas lo salpicará. Pueda que ruede el nombre de algún ratero del palangrismo, pero si se indicia a un solo medio, así esté hundido hasta aquí en el excremento del diablo (Pérez Alfonzo dixit), saltarán las vestales del CIDH y la SIP a defender la virginidad moral de los mayores forajidos de la historia.

El palangre crudo no brotó en la Faja del Orinoco, sino con el mismo reventón del Zumaque 1. Los hijos de Oficina N° 1, los que nacimos y crecimos en los campos de lona o más allá, cerca de los patios de tanques, lo sabemos muy bien. Lo que sí es incontestable es que, por primera vez, se le taladra in situ desde el Ministerio Público, con apoyo irrestricto del presidente de la República, aunque el palangre crudo, que es el medio, lo banalice, distorsione y omita.

ETN/ Earle Herrera

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